A todos los hombres y mujeres de buena voluntad



A todo el pueblo de Dios que peregrina en la Baja California Sur

Dos grandes eventos celebramos en estos días, íntimamente unidos uno y otro: el nacimiento del Niño Dios y el inicio de un nuevo año. A partir del acontecimiento de Belén cambia la historia, un antes y un después. Probablemente en muchos ha podido más la fuerza de la costumbre y la tradición lo que lleva a hacer una pausa en la rutina de nuestras vidas para vivir unos días de fiesta.

Cuánto quisiera que juntos retomáramos el sentido original de estos acontecimientos, para eso debemos trasladarnos a aquella noche oscura de Belén y unir nuestras voces a las de los ángeles: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace (Lucas 2,14). Tanto se goza Dios en quienes somos hechura de sus manos, que se ha hecho como nosotros para experimentar nuestra debilidad y desde ahí rescatarnos de nuestras miserias.

Por amor se ha hecho como nosotros para liberarnos de nuestros egoísmos y aprendamos a darnos sin condiciones. Nuestro mundo carece de muchas cosas, sobre todo de paz e igualdad, podríamos decir que la historia se repite continuamente, así sucedía en aquellos momentos en que Dios hecho hombre irrumpe en nuestra tierra. Dios ha entrado en nuestra historia para que construyamos con Él nuevos caminos. La paz no es cuestión de tratados internacionales o de decretos institucionales, la paz comienza al escribirse en el corazón de cada uno.

Debemos aprender de los pastores de Belén que al escuchar el canto de los ángeles van al pesebre a adorar el niño en brazos de María, custodiados por José. Imaginemos esa escena, al igual que cuando nace un niño en nuestras familias todos queremos arrullarlo; no lo saquemos de nuestras vidas, que no puedan más nuestro desamor ni la mercadotecnia que nos hace olvidar del verdadero sentido de la Navidad.

Desde la fe y la esperanza construyamos la caridad, miremos con optimismo y responsabilidad los tiempos venideros. Erradiquemos los obstáculos que impiden vivir en paz a nuestra sociedad comenzando por hacer la tarea que a cada uno nos compete como ciudadanos, que nuestras voces se unan a los coros de los ángeles para que en esta Navidad el cielo y la tierra se unan en una sola voz. Iniciemos el año 2018 con nuevos bríos, que el camino de paz y amor que Dios ha hecho para llegar a nosotros sea el mismo que construyamos para llegar a Dios.

Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo

Con fraternal afecto y mi bendición pastoral:

Miguel Ángel Alba Díaz

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