En política el discurso, el mensaje de quien aspira a ejercer el poder -y sobre todo conservarlo- debe utilizarse de manera estratégica, eficiente, oportuna. De tal manera que la imagen que se pretende proyectar sea  la de un político ligado a la sociedad, generador de liderazgo que sabe cumplir con las expectativas del puesto que anhela.

Sin embargo, en ocasiones el discurso o los mensajes difusos llevan a los ciudadanos a descubrir que el político no es merecedor de confianza, que no tiene credibilidad ni él ni el grupo  que representa  y mucho menos tiene autoridad moral para señalar o fustigar a otros actores políticos.

Perder la confianza de los ciudadanos en un aspirante a un cargo de elección popular  puede representar en la vida pública algo difícil de reestablecer por más que se intente, por ejemplo, proyectar una imagen de austeridad, un discurso de cambio o una buena gestión de gobierno.

El caso que nos ocupa es el del profesor jubilado VÍCTOR CASTRO COSÍO, quien hoy representa al gobierno federal en la entidad y quien ostenta el cargo de delegado de programas para el bienestar.

Víctor Castro ha demostrado en estos tiempos de pandemia una profunda  desconexión de la realidad política, económica y social que vive nuestro estado Baja California Sur. Concentrando su imagen en apariciones  en medios de comunicación o en videos de redes sociales que lo hacen ver como un triste merolico repitiendo lo que se dice a nivel federal sobre programas sociales (Becas, apoyos y todo eso que dicen que regalan en la 4T).

Ciertamente esos temas le dan a Castro Cosío –quien aspira a la candidatura por la gubernatura de su partido morena- ante los medios de comunicación una falsa sensación  de que domina la agenda pública, de que marca la agenda política  y de que su proyecto gana adeptos por el solo hecho de ser el repartidor de becas del bienestar.

Nada más alejado de la realidad. La verdad es que Víctor Castro Cosío no tiene ni idea de cómo se gobierna un estado o cómo se enfrenta una pandemia como la que vivimos por el COVID-19. No tiene ni el más remoto conocimiento de lo que la gente adolece en tiempos de crisis de salud y económica porque no habla su lenguaje, porque está alejado de la sociedad sudcaliforniana que pide mejores servicios de salud en el IMSS y en el ISSSTE (los cuales carecen de medicamentos básicos producto de la austeridad suicida del gobierno federal), la gente habla de la falta de empleo y oportunidades por el cierre de empresas y la falta de apoyo de un gobierno que no quiso generar mecanismos para que no se perdieran empleos. 

La agenda pública está hoy en día centrada en la preocupación de no enfermarse del coronavirus cuando el pico de contagios aún no ha llegado pero se anunció por parte del gobierno federal desde hace más de un mes.

La agenda pública se concentra en la reactivación de la economía y ahí no tiene absolutamente nada que decir ni imagen que proyectar Víctor Castro Cosío, que solo sabe hablar de reparto de dinero que, francamente, deja más dudas ya que no hay nada de transparencia en la operación de los programas de bienestar. Ni un padrón confiable, ni una plataforma que dé certeza, mucho menos reglas de operación para la asignación de los recursos. NADA.

La agenda pública está en otro lado, en la sociedad, con los ciudadanos. Lo que es seguro es que el suspirante a la gubernatura Víctor Castro la tiene extraviada porque ha permanecido alejado de la preocupación ciudadana.

La mentira es mala señal en un político y Víctor Castro la practica a diario cuando habla de austeridad, de honradez (usa recursos públicos para promocionar su proyecto personal) lo que hace precisamente que ante la ciudadanía el proyecto del profe puchas no tenga ni confianza ni credibilidad. Ya veremos qué sucede, es mi opinión, al tiempo…

Sus comentarios a rostrosyperfilesbcs@gmail.com 

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