Por Erick León
Anchorage se convierte en el epicentro de la política mundial con la cumbre entre los dos líderes más polémicos del planeta
Anchorage, Alaska.– Este viernes 15 de agosto, la fría capital de Alaska se calentó con la llegada de Donald Trump y Vladimir Putin, quienes se sentaron frente a frente por primera vez desde 2019. El encuentro, realizado en la base aérea de Elmendorf-Richardson, ha levantado todo tipo de especulaciones sobre el futuro de la guerra en Ucrania… y sobre los propios protagonistas.
Trump llegó con el secretario de Estado Marco Rubio y el enviado especial Steve Witkoff, mientras que Putin hizo lo propio con el canciller Sergei Lavrov y su hombre de confianza Yury Ushakov. El formato: reuniones privadas, sin acceso a prensa, y con la promesa de que “al final habrá algo que decir”.
Antes de entrar, Trump soltó la frase del día: “No haré negocios con Putin hasta que se resuelva lo de Ucrania”. Un mensaje que busca calmar a los críticos, pero que deja entrever que hay interés en “abrir puertas” si las condiciones cambian.
Mientras tanto, afuera de la base, grupos de manifestantes con pancartas exigían que no se deje a Ucrania fuera de la mesa, temiendo un “acuerdo entre caballeros” que ignore a Kiev.
Para Putin, esta cumbre es una oportunidad de romper su aislamiento internacional; para Trump, es una jugada de alto riesgo que podría terminar en un triunfo diplomático… o en un nuevo capítulo de críticas feroces.
Por ahora, no hay acuerdos ni comunicados, pero el mundo entero está mirando hacia Alaska. Y como diría el viejo refrán político: “Cuando los gigantes hablan en voz baja, los temblores llegan después”.
