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Mulegé, testigo del pulso político: Milena Quiroga sostiene encuentro con más de 500 personas.



Por Erick León / Noticias La Paz

Santa Rosalía, B.C.S., 27 de marzo de 2026.— En los rincones donde la historia se mezcla con el polvo del camino y la memoria colectiva aún respira entre calles de antaño, se congregaron más de 500 almas en Santa Rosalía para escuchar la voz de Milena Quiroga Romero, una figura que, con firmeza y convicción, ha sabido abrirse paso en los senderos de la vida pública sudcaliforniana.

No se trató únicamente de un acto político; fue, más bien, una reunión de voluntades, un encuentro donde la palabra adquirió peso y el mensaje buscó sembrarse en la conciencia de quienes, desde hace años, han creído en la promesa de un cambio profundo. En el municipio de Mulegé, tierra de historia y resistencia, la alcaldesa evocó los principios que —según su decir— dieron origen a un movimiento que hoy pretende consolidarse como la ruta moral del servicio público.

Con un tono que osciló entre la arenga y la reflexión, Quiroga Romero insistió en que los tiempos de simulación deben quedar atrás, que la política no puede seguir siendo un ejercicio de promesas huecas ni de conveniencias pasajeras.

En su narrativa, el poder deja de ser privilegio para convertirse en responsabilidad, en una herramienta que, bien encauzada, pertenece —como reza el viejo ideario— al pueblo mismo. 

No es menor el énfasis que hizo en los resultados que, asegura, han comenzado a florecer en La Paz: más agua en los hogares, mejores servicios, avances en movilidad y seguridad. Logros que, en su discurso, no son obra aislada del gobierno, sino consecuencia de una comunión entre autoridad y ciudadanía, entre quien gobierna y quien exige ser bien gobernado. 

Y es que, en estos tiempos donde la desconfianza suele instalarse con facilidad en el ánimo colectivo, resulta inevitable preguntarse si estas palabras encontrarán eco duradero o si, como tantas veces en la historia política nacional, se diluirán con el paso de los días. La propia alcaldesa pareció anticiparse a esta duda al advertir que la política que promete y no cumple no solo traiciona al pueblo, sino que mina los cimientos del propio movimiento que le da sustento. 

En ese entramado de ideas, no faltó la mención a la conducción nacional encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, presentada como la continuidad de un proyecto que aspira —al menos en el discurso— a redefinir la vida pública del país bajo principios de honestidad y justicia social. 

Así, entre aplausos, miradas expectantes y el murmullo constante de una comunidad que observa y evalúa, quedó flotando en el aire una invitación: la de no abandonar el camino, la de seguir creyendo que el ejercicio del poder puede, todavía, reconciliarse con la dignidad y el servicio. 

Porque, al final del día, la política —esa vieja y siempre polémica compañera de la sociedad— no se define en los discursos, sino en los hechos. Y será el tiempo, implacable como siempre, quien dicte el veredicto.

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