Ataque armado deja dos heridos en la colonia Centro de La Paz

Un ataque armado en plena colonia Centro de La Paz dejó dos personas heridas, entre ellas un ciudadano holandés. Los hechos ocurrieron la tarde de este jueves frente a las oficinas de la CFE. Autoridades mantienen un fuerte operativo en la zona.



La Paz, Baja California Sur, 19 de junio de 2025.- Una agresión armada registrada esta tarde en las inmediaciones de la colonia Centro dejó como saldo dos personas heridas, una de ellas de gravedad, según información preliminar.

El hecho ocurrió alrededor de las 15:45 horas en el interior de un domicilio ubicado sobre la calle Melchor Ocampo, entre Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, justo contra esquina a las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

De manera extraoficial, se reporta que un sujeto armado ingresó al inmueble y abrió fuego contra un hombre identificado como Francisco “N”, de 42 años de edad, quien vestía una camisa azul claro y pantalón de mezclilla negro. En el ataque, otra persona resultó lesionada de forma colateral: se trata de Marcos “N”, un ciudadano de origen holandés de 45 años, quien recibió un disparo en el brazo izquierdo.

Ambos hombres fueron trasladados de emergencia al Hospital General Juan María de Salvatierra en código rojo, debido a la gravedad de sus heridas.

Elementos de distintas corporaciones de seguridad se movilizaron al lugar y establecieron un perímetro de acordonamiento para preservar la escena. Al cierre de esta edición, se mantienen los operativos en la zona para intentar localizar al presunto responsable.

Hasta el momento, no se ha emitido un comunicado oficial por parte de las autoridades correspondientes. Se espera que en las próximas horas se brinde información actualizada sobre este violento suceso.

Redacción: Erick León, Director de Noticias La Paz
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Pareja es privada de la libertad en fraccionamiento Camino Real en La Paz

Una pareja fue presuntamente privada de su libertad la noche del lunes 13 de mayo en el fraccionamiento Camino Real, en La Paz, Baja California Sur. Testigos reportaron que las víctimas fueron forzadas a subir a una camioneta por sujetos no identificados. Autoridades desplegaron un operativo para dar con su paradero.

La Paz, Baja California Sur. — La tranquilidad de la noche del Martes  13 de mayo se vio interrumpida alrededor de las 22:00 horas, cuando se activaron las alertas de emergencia en el fraccionamiento Camino Real, tras el reporte al número 911 de una presunta privación ilegal de la libertad.

De acuerdo con los primeros informes, los hechos ocurrieron en un domicilio ubicado sobre las calles De la Carreta, entre Gil B. Morales y Antonio Wilson, donde un hombre y una mujer habrían sido sacados por la fuerza por sujetos desconocidos.

Testigos señalaron que las víctimas fueron subidas en contra de su voluntad a una camioneta, la cual fue utilizada por los presuntos responsables para darse a la fuga.

Al lugar arribaron de manera inmediata elementos de diversas corporaciones policiacas, quienes iniciaron un operativo de búsqueda e investigación con el objetivo de localizar a las personas desaparecidas y dar con el paradero de los responsables.

Hasta el momento no se ha emitido información oficial sobre la identidad de las víctimas ni de los presuntos captores.

Dolor, tensión y un grito de justicia en el corazón de La Paz

En La Paz, la despedida de un servidor público se convirtió en símbolo del hartazgo social. Mientras el féretro de Ulises “N” era cubierto con la bandera nacional, la ciudad entera se estremecía entre lágrimas, operativos de seguridad y el eco de las amenazas. La violencia ya no es una noticia: es una rutina que desangra a Baja California Sur.

– Una ciudad de luto, fuerzas de seguridad desbordadas y un clima de psicosis que revela la fragilidad de la paz en Baja California Sur.

Por Erick León – Noticias La Paz

La Paz, Baja California Sur.-  El silencio pesaba como plomo en la explanada de la Procuraduría General de Justicia del Estado. Una multitud vestida de negro, con el alma rota y los ojos bañados en lágrimas, acompañaba el féretro cubierto con la bandera de México. Era el adiós a Ulises “N”, un servidor público cuyo deber fue truncado por la violencia que asfixia a Baja California Sur.

Entre sollozos y miradas perdidas, la viuda tomó la palabra. Su voz, quebrada por el dolor y la rabia, resonó en el aire inmóvil. Habló con el alma desgarrada, sedienta de justicia, mientras el entorno parecía guardar un silencio sepulcral, como si hasta el viento se negara a interrumpir el duelo.

El último pase de lista marcó el cierre de una vida dedicada al servicio. Compañeros y amigos levantaron el ataúd con solemnidad y lo condujeron hacia su última morada: el Panteón Jardines del Recuerdo, escoltado por una caravana fúnebre que atravesó la ciudad en medio de un clima de tensión.

Y mientras el cortejo avanzaba, La Paz dejaba de hacer honor a su nombre. Helicópteros sobrevolaban los cielos; patrullas, retenes y elementos armados tomaban las calles. La ciudad entera parecía contener la respiración, sacudida por un operativo de seguridad sin precedentes. Las autoridades rastreaban pistas como quien busca agua en el desierto: hasta debajo de las piedras.

Pero no solo la violencia siembra miedo: algunos medios de comunicación, irresponsablemente, han amplificado el terror al difundir narcomantas como si fueran boletines, olvidando la ética y convirtiéndose en portavoces involuntarios de estructuras criminales. En busca de clics, likes y seguidores, contribuyen a una psicosis colectiva que solo beneficia a quienes quieren ver a la sociedad de rodillas.

La tarde caía con una belleza irónica sobre el horizonte, mientras la sombra de la violencia se alargaba. En Los Cabos, esa misma mañana, intentaron incendiar camiones de transporte público. Los transportistas, aún conmocionados, anunciaron que en breve fijarán su postura ante estos actos de barbarie.

Y en medio de esta atmósfera densa, en la presa de La Buena Fe —hoy seca como el ánimo ciudadano— apareció otra narcomanta, una más en la lista de amenazas que ya se sienten como parte del paisaje urbano. La tensión hierve como olla a presión a punto de estallar.

La noche cae, pero el miedo no duerme.

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